viernes, 12 de junio de 2009

DEFENSA PERSONAL

Son tiempos difíciles, tiempos peligrosos, tiempos salvajes...

Solo los mas fuertes y mejor preparados sobreviviran. Es el momento de mostrar nuestro instinto mas animal para poder enfrentarnos a los innumerables enemigos que nos acechan desde las sombras.
Solo puede quedar uno!

Por este motivo he decidido apuntarme a un curso por correspondéncia de "Defensa Personal". He recibido unas cuantas ofertas, pero no me acabo de decidir cual debe ser mi "master".
Ciertamente tengo mis dudas... Todos demuestran tener amplios conocimientos... A cual elegir?...

viernes, 5 de junio de 2009

UN NUEVO "PUNTO DE VISTA"

Querido diario,



Des de el día del atraco, momento en que se manifestó el primero de mis extraordinarios poderes, cada día ha sido una sorpresa. No hay jornada en que no experimente un cambio en mi organismo, dándome a conocer una nueva habilidad sobrehumana fruto de mi “encarcelamiento involuntario” en el chiringuito de chistorras.

Quiero explicarte la forma en que descubrí una nueva habilidad: la visión con rayos X.



Tras mi primera afortunada acción como salvador de la clientela del McDonals, me llovieron bastantes ofertas de trabajo de la gente que en aquel momento se encontraba en el local.

El encargado del establecimiento me propuso trabajar como nuevo agente de seguridad ya que el anterior, como ya te expliqué, se jubilada en breve. No me interesó demasiado la posibilidad de descubrir de qué estaban hechas realmente aquellas hamburguesas.

Otro desconocido me ofreció trabajar como modelo de tallas XXXXL. Por un momento pensé en la posibilidad de volver al mundo de las pasarelas, pero había descubierto lo vil e hipócrita que podía llegar a ser aquel universo, rechazando de inmediato la oferta.

Una mujer de avanzada edad, me comentó cierto trabajo sobre “arreglar unas tuberías atascadas” utilizando cierta “herramienta” que la mujer creía que tenia en mi poder. No acabé de entender porqué refregaba sus pechos caídos en mi cuerpo, me enseñaba tanto la lengua como si lamiera un helado y me pusiera en el bolsillo trasero de mi pantalón un billete de 50 euros, hecho que me dejó del todo sorprendido.

Finalmente me decidí por un agradable señor que me proponía un trabajo sin muchas complicaciones, con buen horario y, a mi parecer, bien pagado.

“Derribos Dominguez” era la empresa que me acababa de contratar y, ciertamente, era un trabajo que acabó por gustarme. Mi cometido en la empresa era bien simple: cuando alguien deseaba tirar abajo un edificio para construir de nuevo en aquel solar, yo entraba en acción. Lo primero que aprendí, gracias a las buenas explicaciones del señor Dominguez, fue a reconocer los pilares base de la construcción. Una vez determinados cuales eran los puntos débiles de la estructura, me situaba en el lugar con el mayor radio de influencia, me inclinaba unos centímetros apuntando con el culo hacia aquellos pilares base y... dejaba que “mi poder” actuara. Tal era la onda expansiva que lanzaba por mi trasero, que el edificio se derrumbaba a los pocos segundos.

Así descubrí a controlar la dirección, la potencia y el efecto de aquel poder flatulento.



Pues bien, un buen día, al salir de una tranquila jornada laboral, decidí dar un pequeño paseo por las ramblas de la ciudad. Hacía buen tiempo, la gente se animaba a salir, las jovenzuelas comenzaban a enseñar el ombligo y el equipo de petanca local había ganado el campeonato nacional... Razones suficientes para no encerrarse en casa!

La calle estaba a rebosar de tiendas ambulantes, vendedores de top sábana, mimos parlanchines, músicos desafinados, pintores miopes... y un extenso etcétera que hacia de aquella tarde la mejor para disfrutar de la próxima llegada del verano.

Me llamó la atención un grupo de personas que chillaban animadamente entorno a un hombre bajito que realizaba algún tipo de juego de manos. Llevado por la curiosidad me acerqué hasta el grupo y pude observar lo que allí sucedía.

Aquel hombre bajito movía de aquí para allí tres vasitos pequeños que escondían un diminuto guisante verde. El objetivo del “malabarista de vasos” era mover el guisante de un lado hacia el otro utilizando los vasos e intentar engañar al histérico público que, apostando su dinero, tenía que descubrir el que lugar se escondía finalmente el guisante.



-Esta aquí, esta aquí!... Apuesto 200 a que esta en el vaso del medio!

-Que va a estar en el vaso del medio, tontolculo! El guisante esta en la derecha, apuesto 350!



Uno tras otro hacían sus apuestas y finalmente se descubría donde se escondía realmente el guisante. Unos ganaban y otros perdían. Lo que si llegué a observar era que el hombre bajito siempre salía ganando de una manera u otra.

Al acercarme un poco mas, el animado “malabarista” me invitó a participar en el juego. Aquel día me sentía bastante afortunado y decidí probar suerte. Y entonces sucedió otra vez.

Mientras aquel hombrecito movía de un lado al otro los vasos, sentí en mi interior un extraño cosquilleo, un ligero mareo y un molesto escozor en los ojos. Después de frotármelos un poco, la visión de todo lo que estaba a mi alrededor cambió: podía ver lo que estaba dentro de cada bolso y maleta, lo que sucedía en el interior de los edificios, lo que se escondían realmente dentro de los Huevos Kinder. Tenía visión de rayos X!



-Juegas o no juegas?- me preguntó el trilero impaciente. Ahora las posibilidades de ganar eran bastante evidentes ya que podía ver con toda claridad donde se escondía el guisante. Una tras otra, fui ganando todas las partidas, poniendo cada vez mas furioso al “malabarista de vasos”. Desesperado y con todas las ganancias de aquel día perdidas gracias a mi nuevo poder de visión, el hombre solo pudo recoger sus bártulos a toda prisa chillando sin sentido “agua, agua, agua!...”. Debía tener sed.



Aquella fue la manera que descubrí que, si lo deseaba, podía ver a través de cualquier objeto, muro, puerta o material. Podía ser un poder muy útil en mi naciente idea de convertirme el superheroe. Pero hasta el día que no llegué a controlar la visión X, tuve alguna que otra mala experiencia que intento por todos los medios olvidar.



Y no me diras que hay cosas que mejor no verlas!

jueves, 4 de junio de 2009

PABLITO


Pablito era un niño diferente a los otros y tan solo nacer esas diferencias fueron evidentes. Una vez su madre dio a luz, y perdió para siempre el mundo de vista, la enfermera tubo que azuzarle y darle una buena dosis de sopapos en el culo para conseguir su primer apagado llanto.

A medida que fue creciendo, todos los compañeros de la clase, nos dimos cuenta que no era un chavalín como nosotros. A la hora del almuerzo todos devorábamos nuestro pan con nocilla, las galletas Príncipe o, los mas afortunados, el pan con mantequilla y mortadela. Pero Pablito, con su poco nervio extremo que podía sacar de quicio al maestro mas paciente, abría su fiambrera para devorar uno tras otro una colección de gusanos, escarabajos y otras criaturas altamente asquerosas. Eso no era muy normal que digamos!

A la hora del patio nadie lo escogía en los equipos de fútbol. No era muy rápido que digamos. Se movía tambaleándose de un lado para otro, con los brazos alzados como si quisiera darte un abrazo y unos ojos inexpresivamente blancos. Al final acababa siendo el arbitro. Es decir, no hacía nada.

Solo un juego parecía motivare: el del teléfono. Aquel juego de irse susurrando cosas al oído le parecía gustar. El problema era que, en mas de una ocasión, a Pablito se le escapaba un “mordisquito” y el marrón era para nosotros al tener que explicar al maestro como había “perdido” un trozo de carne del cuello o de la oreja el compañero de juegos de Pablito.

Recuerdo que una vez fuimos de campamentos de verano. En nuestra tienda dormíamos Alberto “Caragüevo”, el Lucas, Pablito y yo. Por la noche era un espectáculo ver a Pablito como se levantaba a medianoche y comenzaba a dar vueltas a nuestra tienda repitiendo una y otra vez con su inolvidable voz gangosa aquello de “teeengooo haaammmbreee”. Nos echábamos unas risas... La cosa no fue tan divertida cuando se encontraron a nuestro compañero comiéndose la pierna del alumno chino de intercambio. Sobretodo porque Chao-Lin había pagado como todos los campamentos de verano. No me quiero ni imaginar como se pondría su madre al ver que su hijo volvía a casa con una pierna de menos.

En el instituto la vida de Pablito no cambió mucho. Se echo una novia muy rara. Se llamaba Macarena. Iba siempre vestida de negro, con gafas oscuras, ojos y labios pintados de negro y con la manía de recordar continuamente que no iba de luto sino que era “gótica”. No entendí nunca que una persona quisiera ir vestida como una iglesia...

Pero la cosa no funcionó entre ellos dos. Macarena lo dejó diciendo que “la hacia sentir demasiado viva”, la muy guarra!

Después... perdí la pista de Pablito. Me pareció verlo en alguna fiesta mayor de nuestra ciudad... o era en un entierro? No lo recuerdo. La cuestión es que llevo unos días pensando en organizar una cena de antiguos alumnos, puede ser divertido.

Haber si tengo suerte y contacto con toda la pandilla.

domingo, 31 de mayo de 2009

LA HORA DEL CUENTO

UN DRAGÓN DIFERENTE

Hola queridos niños y niñas, bienvenidos una tarde mas a la “Hora del cuento”.

Hoy os explicaré una fantástica historia de malvados dragones, hermosas princesas y valientes caballeros.
Recordad que debéis estar bien calladitos, de lo contrario os tendré que coser los labios con hilo de pescar. Estáis preparados?



Pues cuenta este cuento, que hace muchos, muchos, muchos años atrás cuando las ranas tenían dientes en la boca y las abuelas daban tortazos a los niños sin temor a que les denunciaran, existía un apacible pueblecito a pies de una hermosa montaña.
Las gentes de aquel lugar vivían tranquilas y felices bajo la protección de su tan querido rey.
Su majestad era respetado por todos los habitantes del pueblecito por su bondad y honradez: dejaba que cada trabajador cogiera una sola patata para alimentar a toda una familia de 8 miembros para, mas tarde, quedarse él con toda la cosecha, cortaba solo una vez a la semana la cabeza de alguno de los habitantes del pueblo simplemente por diversión y, de vez en cuando (cada 2 o 3 veces por semana), pedía “prestada” la hija de alguno de sus súbditos para realizar una serie de ”ejercicios nocturnos” necesarios para relajar a estresante vida del monarca. Por todo eso, y mucho mas, era un rey estimado y respetado.

En uno de aquellos días, apareció en la sala del trono un asustado campesino que, entre gritos y jadeos, mencionaba terriblemente atemorizado la aparición en la comarca de una terrible bestia.

-Un... un... mons...truo... majestá... est...amos... perd...di...dos! Es... el... fin!

Por mala suerte para el campesino, había escogido el peor momento para molestar al monarca. El rey estaba observando con atenta curiosidad cuantos trozos de cristales podía comerse el último bufón que había llegado a la corte tras explicar un chiste desafortunado sobre un humano, un elfo y un enano, que a su majestad no le hizo ni pizca de gracia. Aquella interrupción no le agradó lo mas mínimo.

-Que le corten la cabeza! -gritó irritado el rey, dando así rienda suelta al gusanillo sangriento de su verdugo predilecto, un enano con muy malas pulgas y un hacha el doble de grande que su tamaño.
La cabeza del campesino salió volando por los aires dejando a su paso un reguero de sangre en toda la alfombra real, cayendo justamente a los pies del monarca. Este al ver el rostro del su súbdito, se acercó a la cabeza cercenada y le dijo:

-Y ahora que estamos mas tranquilos, puedes repetir lo que decías sobre ese monstruo?

Evidentemente el campesino no dijo nada: estaba muerto! Mejor dicho, su cuerpo estaba en manos del verdugo que aprovecharía aquella jugosa carne para hacer croquetas y venderlas en el mercado negro a muy buen precio.
Al no obtener respuesta del campesino, el rey aún se enfado mas:

-Que le corten la lengua a este insolente!

Como podéis ver, queridos niños y niñas, aquel rey perdía con rapidez los papeles y se dejaba llevar por los nervios con mucha facilidad.
Mas tarde descubriría que lo que quería explicar el malaventurado campesino era que había llegado a aquellas tierras un terrorífico dragón que atemorizaba a todos los habitantes del territorio.

Para que os hagáis una idea de como era aquella monstruosa criatura os podría decir que era grande como... ehmmm... grande como... haber... como os lo diría yo...mas o menos de... de 1 metro cincuenta. Sus ojos eran rojos como como el fuego y su mirada era... bueno... que puedo decir de su mirada?... os sirve de algo si os digo que era bizco! Pues eso, era bizco! Sus fauces terriblemente... vacías! Si al pobre dragón se le habían caído casi todos los colmillos de no cepillárselos correctamente.
Vaya que era un pobre dragón de mierda! Daba pena solo de verlo! Pero el simple hecho de ser dragón hacia que todo el mundo estuviera acojo... errr... asustado.

Nuestro dragón era todo lo contrario a este.

La cuestión era que la penosa criatura, únicamente buscaba una pequeña cueva donde vivir tranquila, descansar, echarse una buena siesta y refregarse de vez en cuando la entrepierna para darse gusto a él mismo sin temor a que nadie le gritara que era un degenerado y que si continuaba así se quedaría ciego.

Pues bien, el amable y gentil rey, para tranquilizar la ira de aquel espantoso dragón que nunca había visto, decidió enviar cada día a la cueva donde se encontraba el legendario monstruo una vaca, una oveja, un cerdo y una gallina. De esta manera, creía el monarca, frenaría el voraz apetito del dragón.

Sin saber ni como ni porqué nuestro dragón comenzó a recibir por sorpresa, jornada tras jornada, el fabuloso manjar que le plantaban delante mismo de la cueva un par de soldados que, vaya tu que descuidados!, siempre llevaban los calzones sucios hasta los talones de un masa semi-líquida de color marrón y de un olor bastante desagradable.

El monstruo, que era dragón pero no gilipollas, no pensó en preguntar en ningún momento el porqué de aquél regalo de bienvenida. Simplemente, se relamía los morros y se zampaba, uno tras otro, los animales. Trabajo tuvo por el hecho de tener una dentadura poco poblada, pero con paciencia y trocito a trocito, todo acabó en su abultada y celulítica barriga.

Los días pasaron y cada vez la escasez de animales era mas preocupante. De las vacas, ovejas, cerdos y gallinas pasaron a los caballos, conejos, perros y gatos, y mas tarde a los loros, los hámsters, las tortugas y las suegras. Con estas últimas, el dragón tubo algún que otro problemilla de digestión. Finalmente, decidió utilizarlas como papel higiénico tras las “faenas” que tal banquete le estaban provocando.

Una vez no quedó ni un solo animal en la comarca, el rey decidió realizar un sorteo diario para escoger una muchacha de la comarca que tendría la obligación de ser la ofrenda de sacrificio ante el terrible dragón.
He de decir, queridos amiguitos y amiguitas, que el rey solo puso en la urna de sorteo los papeles donde aparecían los nombre de las muchachas mas feas, desagradables, aburridas, peludas, obesas, cejijuntas, toca-pelotas, inteligentes... de la provincia. De aquella manera, esperaba poder continuar con su afición nocturna a explicar historias sobre sus rodillas a aquellas muchachas mas agraciadas físicamente.

Aquel cambio desagradó enormemente al dragón. Que diablos haría él con tanta gente en su tranquila cueva! Secretamente, el dragón pactó con las muchachas que escaparan de aquellas tierras buscando mejor fortuna lejos del aquel malnacido monarca. Evidentemente, las chicas no dudaban en salir tan rápido como podían de la cueva de aquella criatura.

Pero el problema de aquellas gentes no se acabó con el sorteo de las muchachas. Sin saber que hacer, se manifestaron frente a palacio pidiendo una solución a su rey.
Después de observar como el portavoz de los habitantes del pueblo acababa con los pelos de los testículos arrancados uno a uno con unas pinzas, la lengua lamiéndose el “ojete” del trasero y las piernas rotas por veinte diferentes diferentes, llegaron a la conclusión que la solución que demandaban podría no ser posible.

Pero un punto de esperanza nació en el corazón de los habitantes de aquel pueblo al conocer de la llegada a palacio de un valiente caballero decidido a acabar de una vez por todas con la vida de aquel maldito dragón.
La imagen del caballero mata-dragones era impactante: ondulada cabellera rubia, ojos azules, pómulos sonrosados, armadura brillante, musculoso corcel blanco, larga lanza puntiaguda...

-Majestad, me presento ante vos para rendiros pleitesía. Me arrodillo ante vuestra persona como símbolo de obediencia y...

-Sí, sí, sí... ya te pillo, ya! Ahorrate todo ese rollo de “soy vuestro humilde servidor” y tráeme las pelotas de eso maldito dragón en una bandeja!

El caballero, sin demora alguna, se dirigió hacia el lugar donde se escondía el temible dragón. Se adentró en la oscura cueva aferrando su lanza con decisión. Muchas otras veces había realizado tan peligrosa tarea y estaba acostumbrado en lidiar con tal viles criaturas del demonio.
La galería subterránea era húmeda y de difícil acceso. El peso y la maniobrabilidad de la armadura le impedía avanzar con soltura. Así pues, decidió despojarse de todas las piezas de su protección, confiado en que su valentía y férrea voluntad le eran la mejor armadura que podía esperar.
A pecho descubierto, y con solo un pequeño taparrabos, el caballero avanzaba paso a paso hacia el lugar donde se encontraba su objetivo. Tras unos minutos de camino resbaladizo, llegó a una gran sala subterránea donde se podían observar los restos de los animales que el dragón se había zampado.

-Criatura del demonio, sal de tu escondite y lucha con un caballero dispuesto a dar su vida por una causa justa!

Silencio.
Tras unos largos minutos donde solo se escuchaba el sonido incesante de una gota que caía y caía sin parar, el caballero pudo escuchar una melodía cantada en un volumen casi inaudible.

-UNO: te la meto como ninguno, DOS: por la garganta hasta que te entre tos, TRES: te la meto del revés, CUATRO: por el culo mi aparato...

Pero que eran aquellas palabras tan soeces que estaba escuchando, por dios santo!

-Maldita criatura desvergonzada! Aparece ante mi y prueba mi lanza!

De repente algo pequeño salió de la oscuridad. Se movió lentamente hacia el caballero. Qué demonios era aquello? La oscuridad le impedía distinguir con claridad lo que era. Se inclinó un poco hacia delante para observar que lo que había salido tras aquellas rocas. Era... era un... escarabajo?!

Lo que no llegó a ver el valiente caballero fué la llegada por detrás del enfadado dragón que, aprovechando el despiste del guerrero con aquel insignificante insecto, se acercó para darle un “enorme regalo de bienvenida”.
Lo que sintió el caballero a continuación... mejor no describirlo! Solo recordar las palabras que acompañaron a aquel terrible dolor que nació de su retaguardia y llegaba hasta su garganta:

-CINCO: por el culo te la hinco!!

Creo que el dragón no se refería a este culo.

Y es que ya se sabe, niños y niñas, aunque os encontréis con un dragón de poco tamaño, bizco y con pocos dientes, y creáis que no os puede hacer mucho mal, podéis estar muy equivocados. Los dragones gays tiene muy, pero que muy mala leche!

Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.

viernes, 29 de mayo de 2009

POR FIN ES VIERNES!

Después de una dura semana de trabajo... por fin es viernes!



Por delante se presenta un fin de semana largo, 3 días de fiesta ya que el lunes no trabajo.

El planning de actividades esta casi al completo: partidillo de baloncesto, escribir un poco, comida en casa de la suegra (aunque sea suegra cocina que te cagas!), siesta, ver alguna peli, jugar con mi “bichu” y mi “piltrafilla”, posible cena de tapas en una terraza tomando la fresca nocturna y hablando con mi “more”, piscina, comida con unos buenos amigos, algún paseo en bici (haber si le paso la manguera que esta un poco guarrilla la pobre), jugar aún mas con mi “bichu” y mi “piltrafilla”... Un montón de cosas que no sé si llegaré a hacer, pero la intención es lo que cuenta.

Solo lo puede amargar el tener un poco de trabajo pendiente que debo hacer cuanto antes mejor, pero todo se hará. Ante todo mucha calma!



Y que mejor manera para comenzar con algo de música.





miércoles, 20 de mayo de 2009

INJUSTICIAS CINEMATOGRAFICAS

Quien duda que Chuck Norris no sea un buen actor? El problema es que en "jólibu" es demasiado fácil que te encasillen en un tipo de papel o en un estilo de película.

Este hombre sería capaz, si se lo hubieran propuesto, de protagonizar grandes films. O es que no os podeis imaginar a Chuck como protagonista de "Taxi driver", "Paseando a Miss Daisy" o "La vida secreta de las palabras"?

martes, 19 de mayo de 2009

EL ATRACO

Querido diario,

Hoy quiero contarte lo que sucedió el día en que descubrí que había cambiado, el día que se manifestó el primero de mis poderes.

Tras un penoso y duro día buscando un nuevo trabajo para pagar el alquiler de mi fastuoso y desorbitante loft, y con los ánimos por los suelos por solo haber conseguido una entrevista para un trabajo a horas limpiando los retretes de una escuela de niños mimados, decidí buscar algún local donde poder cenar alguna cosa ligera.
Finalmente encontré lo que buscaba!
Entre en el McDonals sin estar del todo convencido del menú que iba a escoger. Los cambios anatómicos que había provocado en mi la chistorra ya habían sido suficientes. Debía ser muy estricto con la comida si quería volver a ser el de antes.

-El siguiente!
- chilló una chica con una voz altamente aguda tras un micrófono que parecía estar enganchado a sus labios – El siguienteeeee!!


-Yo, yo, yo... estooo... un menú
.- dije avergonzado. Era la primera vez que entraba en un local como aquel y no sabia cual era el protocolo de actuación frente a la demanda que la chica, con la cara llena de granos provocados por las alocadas hormonas juveniles, me estaba haciendo.


-Big Mac, Big N Tasty, Big N Tasty Cheese , Quarter Pounder Cheese, Double Quarter Pounder Cheese, Crispy Chicken , Chicken McGrill , Filet-O-Fish , Double Cheeseburger...


Aquella muchacha era una ametralladora de palabras inagotable. Sin dejarme tiempo a pensar, escuché de su boca un “Ya sabe qué quiere?” inquisidor que me hizo temblar las rodillas.

-Eeeehhh... el... el primero!
-Bebida?

-Como?
- aún me estaba recuperando.

-Que qué quiere beber?

-Un Seven Up.
-Un qué?
- dijo extrañada la muchacha.

-Un Seven Up.
-Y eso se bebe? Pues no lo tenemos!
-Una Cocacola light?

-Light?
- repitió ella escondiendo una sonrisa burlona, la muy... - Pequeña, mediana o... o grande?

-Pe-que-ña! - dije con un “ligero” enfado.
-Patatas?
-Qué?
-Que si quiere patatas?

-Ah, también hay patatas?
-Sí, también hay patatas!
-Aaaahh... pues sí!

-Pequeña, mediana o grande?
-Ya le he dicho antes que pequeña. - no entendí porqué me volvía a repetir la pregunta.
-Eso era la bebida?
-Y ahora?
-Ahora le pregunto si quiere las patatas pequeñas, medianas o grandes?
-Ah, pero las cortan a diferentes medidas? Muy curioso!
-Noooo! Me refiero a la cantidad que quiere: pequeñas-cajita pequeña, medianas-cajita mediana, grande-cajita grande. Me entiende?

Me comenzó a dar la sensación que aquella jovencita, seguidora hasta la muerte de Britney Spears, comenzaba a tratarme como a un niño pequeño. Y eso no lo podía soportar.

-Cajita pequeña! - dije apretando los dientes y mostrando un rostro enrojecido por el enfado que comenzaba a nacer en mi interior. Por fortuna para mí, y para la chica, apareció a los pocos segundos una bandeja con todo lo que había pedido.

Un poco mas relajado, cogí lo que sería mi cena y me dirigí hacia una de las mesas.
En ese preciso momento, entró en el local un hombre encapuchado con una media en la cabeza y parecía que necesitaba urgentemente tomarse algún tipo de droga por el nerviosismo que manifestaba. Había oído que aquellos síntomas recibían el nombre de “estar con el mono”. A mi me pareció que aquel tipo había invitado a tomar el té a todo le reparto de “El planeta de los simios”.
Solo una vez había visto algo parecido. Fue después de uno de mis primeros desfiles. Fuimos a casa de Javilín, un compañero de pasarela, a celebrar el existo merendando triangulitos de pan Bimbo con Nocilla. La llegar a su casa encontramos a su abuela encima de la mesa del comedor realizando un striptis, convencida por completo que era Demi Moore.

Por si alguien no recuerda las "fabulosas"
dotes interpretativas de Demi Moore


Pero volvamos con el “colgao”. Como te decía estaba muy, pero que muy apurado.
La bandeja se me cayó al suelo al ver que sostenía en su temblorosa mano una pistola. El ruido que provoqué alteró aún mas al ladrón que comenzó a gritar:


-Quieto parao tol mundo! Eshto é un atraco!

La clientela del local se alzó en un histerismo instintivo que se vio frenado de inmediato por un par de tiros al aire del encapuchado.

-Tarshe callao, coñio! Y tol mundo al shuelo! - a lo que todos los enmudecidos que estábamos allí obedecimos sin ningún tipo de reparo.- Tú, el shegurata! No te hagas el longui y tiramé la pipa pakí.

“Seguridad”? Estábamos salvados! Si existía personal de seguridad seguro que sabría reaccionar frente aquella tensa situación de peligro. Pero nuestras esperanzas se desvanecieron al conocer el “personal de seguridad” que contrataba aquella franquicia de comida rápida.
Un viejo, al que seguro le faltaban segundos para llegar a la jubilación, se levantó torpemente del suelo, cogió su pistola sospechosamente de plástico y la lanzó hacia el yonqui-ladrón. Tanta fue su mal puntería, que la pistola cayó en dirección contraria a asaltador y a un par de metros de mi situación.

-Oye, tu, mashtodonte! Levántate y me acercash la pishtolita, eh, gordinflash!

Maldije al yonqui, al segurata, a mis kilos que no pasaban para nada desapercibidos, al maldito McDonals y su puñeteros menús, al … Me levanté, dí un par de pasos con las manos a la vista, lentamente... No quería asustar al ladrón y provocar un accidente. Me agaché para coger la pistola de espaldas al yonqui y... sucedió!
No sé si por la tensión acumulada, los nervios o lo que fuera, noté que nacía en mi una fuerza descomunal, un poder incontrolable, una energía arrolladora... que nacía en mi interior y pedía a gritos salir por... el culo!
De mi trasero, una flatulencia de poder apabullante, fue dirigida hacia el atracador derribándolo de inmediato y dejándolo inconsciente.

La clientela no sabía como reaccionar. Tras unos segundos interminables de silencio, una ola de gritos, vítores y aplausos me envolvieron por completo. Había sido yo quién había salvado a aquellas personas de aquel peligro de muerte, yo era el responsable de que todos volvieran sanos y salvos a sus hogares, yo era el héroe que todos habían esperado...

Aquel día me sentí bien, especialmente bien!